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Red Internacional

UNIVERSIDAD DE COSTA RICA. ¿Qué tipo de beca queremos?

Ante un nuevo depósito insuficiente, queda en evidencia que en la UCR las becas no cumplen con las necesidades de las y los estudiantes en los gastos de carrera, alimentación y reubicación geográfica, lo cual se intensifica en medio de la crisis sanitaria y económica en tiempos de pandemia.

Martes 19 de mayo de 2020 | 14:17 | Edición del día

¿Qué tipo de beca recibimos?

Los montos que reciben los y las estudiantes mediante las becas, deberían de tener una coherencia con los gastos que representa la vida universitaria. Indiferentemente, si son métodos anacrónicos o contemporáneos los utilizados por la oficina de becas (como las estimaciones de la canasta básica CBA para determinar el costo de los alimentos, o la encuesta nacional de hogares ENAHO realizada por el INEC para estimar los montos de alquiler) para definir los gastos por carrera, alimentación, transporte o reubicación geográfica; estos no reflejan verdaderamente las condiciones actuales. La precariedad a la que se exponen los y las estudiantes por el hecho de que la Universidad contemple la beca como una ayuda repercute en su desenvolvimiento académico.

Una de las consecuencias es la mala alimentación a la que se someten las y los becados, producto de montos insuficientes destinados para cubrir dicha necesidad que en promedio son de 1 500 colones, obviando datos extremos que alcanzan los burlescos 800 colones de depósito para que una persona sobreviva de quince a veintidós días. Esto deja a más de una persona, sino a la mayoría, con la despensa vacía a pocos días del siguiente depósito si tomamos en cuenta que OBAS no toma en cuenta los tiempos en que no tenemos clases.

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Los lugares de habitación temporal tampoco son la excepción. Suelen haber casos en los cuales la población becada alquila apartamentos en extremo estrechos, que deben de ser compartidos por más de una persona, debido a que el monto de reubicación geográfica de 75 000 colones no se amolda a los verdaderos precios de alquiler que en promedio rondan entre los 150 000 a 200 000 colones. Si el o la estudiante no logra encontrar un compañero de habitación, es casi imposible que encuentre un apartamento.

A esto se debe sumar que muchas veces el monto de arrendamiento no incluye los servicios básicos, por lo que se tienen que cancelar por aparte, agregando otro peso a la desgastada economía de las y los estudiantes.

Mientras la Universidad nos somete a sobrevivir con montos de becas de miseria, esa afectación se profundiza más ahora en tiempos de pandemia, en donde el desempleo alcanza el 12.4%. En medio de la crisis sanitaria y económica, la Universidad mantiene su concepción de beca como un privilegio o una ayuda. Incluso en el caso de algunas personas becadas, para quienesla virtualidad del semestre dejó por fuera y la salida que les dio la Universidad fue la renuncia de cursos, esta medida puede implicar un rebajo en su monto de beca.

¿Qué tipo de beca queremos?

En tiempos de pandemia y frente a una Universidad que toma decisiones elitistas que perjudican nuestras condiciones de estudio, es necesario crear comités de crisis, para que seamos estudiantes, docentes y funcionarios, quienes tomemos las decisiones políticas de la Universidad, de manera democrática, para poner todos los recursos en función de nuestras necesidades y de mitigar la crisis. En este sentido, los comités de crisis podrían discutir el problema de las becas y exigir un control político del presupuesto universitario, y que este, en lugar de destinarse a los bolsillos del Banco Mundial y los empresarios, se destine en solventar problemas tales como el de los montos insuficientes de las becas.

Debemos aprovechar todos los recursos que tenemos a nuestra disposición para organizarnos, pues no podemos esperar a que pase la crisis, sino que es necesario organizarnos en medio de la crisis, para que no seamos nosotros y nosotras, ni nuestros bolsillos, quienes paguemos las consecuencias.

La Universidad debe estar bajo control de sus trabajadoras y trabajadores, junto con sus estudiantes. Al recortar los presupuestos destinados a becas, incentivar la eliminación de toda posibilidad de ingreso a la universidad a estudiantes segregados, son ejemplos de cómo las universidades públicas paulatinamente entran en una dinámica de privatización, a la cual el gobierno del PAC -con las políticas de ajuste orientadas para la región por del FMI- ha contribuido.

La vulnerabilidad a la que somos expuestos como comunidad estudiantil no es más que la misma violencia estructural que sufren los sectores reprimidos y oprimidos por políticas despóticas en favor de una singularidad. La lucha, a lo interno de la universidad, se debe de fusionar con las luchas de las y los trabajadores. Y bajo esta línea, la universidad debe de estar al servicio de la clase trabajadora y el estudiantado. Luchar por que beca sea contemplada como un derecho y que cubra los costos reales que implica la vida universitaria, se hace más que necesario.

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